Ambito.com / Al país que hoy se llama Sri Lanka, y que durante mucho tiempo fue conocido como Ceilán, se lo menciona de tantas formas diferentes que a ese lugar se lo llegó a llamar la "isla de los mil nombres". Y uno de los nombres fue, por la particular forma de su territorio y su cercanía a la tierra de los Gandhi, la "Lágrima de la India".
Abriendo un álbum de imágenes de Sri Lanka se piensa de inmediato en una exótica isla de Oriente, y hasta se puede sospechar que fue aquella que exploró cinematográficamente el arqueólogo, profesor y aventurero conocido como Indiana Jones en una de sus películas.Lo que, de alguna manera, no deja de ser cierto.
El que proyecta conocer Sri Lanka se imagina (y no se equivoca) que se trata de un paraíso de especias con una lujuriosa vegetación que lo inunda todo, y salpicada por antiguos palacios de reyes exquisitos, algo que poco tiene que ver con el actual país socialista.
Sri Lanka es la tierra de leyenda cuna de un mítico té, de fama mundial por su magnífico aroma, y, también, de brillantes zafiros y rubíes considerados entre los más hermosos del mundo. Pero la insular Sri Lanka es mucho más que eso, es un impresionante cruce de culturas, un territorio que tiene la sensualidad y exuberancia del trópico, proponiendo al turista interminables dunas de arena, playas doradas, arrecifes de coral, aguas transparentes junto a bosques salpicados de cascadas, selvas impenetrables, altos cerros, y plantaciones de arroz o de té. Ese té que transmutó con su mágico encanto al país y con sus interminables plantaciones lo cubren de verdes inagotables y aromas fascinantes.
AROMA INOLVIDABLE
Todo eso, sorprendentemente, es reciente. En 1849 el inglés James Taylor, después de fracasar con la siembra de canela primero y luego de café, introdujo el té en la isla trayendo plantas de la India. Unos cuarenta años después, cuando el negocio estaba creciendo, Tomas Lipton siguió el emprendimiento de Taylor, y su apellido se volvió sinónimo del té, una de las marcas mundialmente más famosas de la infusión.
Poco a poco viajeros y escritores empezaron a lanzar alabanzas a la sabrosa infusión. Y a fines del siglo XIX en Occidente ya el té era sinónimo de Ceilán. Por caso, Mark Twain, autor de "Tom Sawyer", que visitó Ceilán en 1896, luego de beber una taza de té negro, escribió: "¿Qué tendrá esta planta de hojas lujuriosas que cuando se transforma en infusión resulta al paladar tan exquisita y aromática?". Para conocer la respuesta hay que viajar, hoy como ayer, a Sri Lanka. Pero al andar se puede encontrar con escenarios de película donde puede imaginar que por allí anda Harrison Ford o el fantasma del aquel coronel Nicholson que encarnara el actor Alec Guinness.
Abriendo un álbum de imágenes de Sri Lanka se piensa de inmediato en una exótica isla de Oriente, y hasta se puede sospechar que fue aquella que exploró cinematográficamente el arqueólogo, profesor y aventurero conocido como Indiana Jones en una de sus películas.Lo que, de alguna manera, no deja de ser cierto.
El que proyecta conocer Sri Lanka se imagina (y no se equivoca) que se trata de un paraíso de especias con una lujuriosa vegetación que lo inunda todo, y salpicada por antiguos palacios de reyes exquisitos, algo que poco tiene que ver con el actual país socialista.
Sri Lanka es la tierra de leyenda cuna de un mítico té, de fama mundial por su magnífico aroma, y, también, de brillantes zafiros y rubíes considerados entre los más hermosos del mundo. Pero la insular Sri Lanka es mucho más que eso, es un impresionante cruce de culturas, un territorio que tiene la sensualidad y exuberancia del trópico, proponiendo al turista interminables dunas de arena, playas doradas, arrecifes de coral, aguas transparentes junto a bosques salpicados de cascadas, selvas impenetrables, altos cerros, y plantaciones de arroz o de té. Ese té que transmutó con su mágico encanto al país y con sus interminables plantaciones lo cubren de verdes inagotables y aromas fascinantes.
AROMA INOLVIDABLE
Todo eso, sorprendentemente, es reciente. En 1849 el inglés James Taylor, después de fracasar con la siembra de canela primero y luego de café, introdujo el té en la isla trayendo plantas de la India. Unos cuarenta años después, cuando el negocio estaba creciendo, Tomas Lipton siguió el emprendimiento de Taylor, y su apellido se volvió sinónimo del té, una de las marcas mundialmente más famosas de la infusión.
Poco a poco viajeros y escritores empezaron a lanzar alabanzas a la sabrosa infusión. Y a fines del siglo XIX en Occidente ya el té era sinónimo de Ceilán. Por caso, Mark Twain, autor de "Tom Sawyer", que visitó Ceilán en 1896, luego de beber una taza de té negro, escribió: "¿Qué tendrá esta planta de hojas lujuriosas que cuando se transforma en infusión resulta al paladar tan exquisita y aromática?". Para conocer la respuesta hay que viajar, hoy como ayer, a Sri Lanka. Pero al andar se puede encontrar con escenarios de película donde puede imaginar que por allí anda Harrison Ford o el fantasma del aquel coronel Nicholson que encarnara el actor Alec Guinness.

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