SLIDER

Inés Berton, la argentina que le preparó un té al Dalai Lama

Revista MaruEntrar en Tealosophy es sumergirse en un mundo de aromas que confluyen simultáneamente. Un oriente y un occidente que conviven en un mismo lugar, donde todos los sentidos se intensifican. 

Ubicado en la Galería Promenade del Hotel Alvear, Tealosophy fue creado por Inés Berton, una de las once narices del mundo con olfato absoluto, para acercar este pequeño lujo a la cotidianidad.
Fotos de Inés con el Dalai Lama y un ventanal enorme a un jardín francés recrean un ambiente de paz para una taza de té. Latas de color chocolate con etiquetas naranjas que contienen cientos de blends, cuencos con especias y flores mezcladas con tés en hebras, mermeladas artesanales, teteras y tazas con impronta oriental colman todo el espacio.

Según Inés, el té es un lenguaje, y para prepararlo es fundamental que el agua no hierva para no quemar las hebras, y pasar la tetera y la taza por agua caliente antes de servirlo. "Es algo fácil de preparar, hasta se puede hacer en una oficina. Es agua, sensibilidad y paciencia. Es un pequeño lujo accesible".


¿Cómo surge tu amor por el té?
Yo siempre pensé que la pintura iba a ser mi vida porque de chica pintaba y todo lo que estaba ligado al arte era parte de mi vida. Cuando me fui a Nueva York empecé a trabajar para el museo Guggenheim del Soho. En la parte de abajo hay una casa de té divina (The T. Emporium) donde a mí me encantaba ir y mezclar tés. Toda la gente que estaba en la fila decía "yo quiero lo mismo". Y un día la dueña me propuso ir a trabajar ahí. Para un padre, tener una hija de veinte años que trabaja en un museo en Nueva York, no es lo mismo que mezcle tés. Cuando se lo conté por teléfono, él me preguntó: "¿Test vocacional?" Él se agarraba la cabeza y decía "¿cómo mezclar yuyos? Eso es muy hippie". Creo que tuve un espíritu emprendedor, visión, coraje y tenacidad. Y una pequeña dosis de locura. Seguir en el Guggenheim era el camino seguro. Entendí que esa fusión entre oriente y occidente tenía mucho que ver con mi personalidad. Ese oriente que es tan mágico y ese occidente que es tan pasional. Ahí encontré mi lugar en el mundo, que hoy es Tealosophy.

¿Qué otros proyectos tenés?
Tengo la suerte de compartir "Chamana" (infusiones en saquitos) con alguien a quien adoro, Guillermo Casarotti (creador de Inti Zen). Yo me ocupo del té que está adentro del saquito y él se ocupa de todo lo demás. Guillermo me enseñó que ser comercial no es algo malo. Él fue a comer ocho veces al restaurante de mi marido (Rodrigo Toso) para convencerme. Cuando lo conocí a Guillermo me dijo que quería dejar todo y dedicarse al té, y yo le pregunté cuántos hijos tenés. Quería saber qué nivel de responsabilidad estaba asumiendo y de lo que me tenía que hacer cargo. Pero por suerte él entendió mi visión: para hacer un té honesto hay que partir de ingredientes honestos. Entonces yo puse mis pautas. Es fundamental que cada ingrediente venga de su lugar de origen. Para mí el té no es un producto, es un lenguaje.



¿Cómo es trabajar con tu familia?
Con mi hermana Sofía es genial. Ella tenía ocho años, mi madre la ponía en el avión y aparecía con su cartelito en Nueva York. Yo tenía que trabajar y la veía a ella corriendo atrás del mostrador vendiendo tés a la gente en inglés. Era chica y te describía el darjeeling proveniente de los Himalayas como si hubiera nacido allí. Nos conocemos mucho y con sólo mirarme sabe si me gusta algo o no, y cómo me gusta. Hoy llegué a la tienda de Alvear y pensé "qué linda que está la vidriera" y yo sé que tiene su mano. Es difícil, por supuesto, trabajar con tu hermana y poner los límites pero si pongo en la balanza es el 90 por ciento lo que me gusta.

¿Qué descubriste en tus viajes?
Me pasó de estar en lugares insólitos y encontrar un té mío. Llegar a una casa en Roma, pegada a Plaza España, que se llama Babington, entrar y después de esperar tres horas una mesa, ver en la carta el té "Sophie", que yo le diseñé a mi hermana. Es increíble abrir la guía Louis Vuitton y encontrar que Tealosophy Barcelona está catalogada como la mejor casa de té de Europa. Otra cosa que me pasó fue que, en un vuelo a Beirut, abrí la revista de una línea aérea de Medio Oriente y había una entrevista que me habían hecho de cinco páginas.

 * Por Jazmín López Joaquim. Fotos: Sebastián Rodeiro
Seguí leyendo esta 
nota en Revista Maru.

No hay comentarios

Publicar un comentario

© Almacén de té
Maira Gall