SLIDER

Un capricho real hereditario

La colección de piezas del gran joyero ruso Carl Fabergé, antojo de seis generaciones de la Casa Real Británica, se expone en el Palacio de Buckingham durante la tradicional apertura de puertas de cada verano, cuando la Reina sale de vacaciones al castillo escocés de Balmoral.


Las pomposas obras de Fabergé fueron el capricho de zares y reyes de toda Europa en los siglos XVIII y XIX y se convirtieron en un símbolo de poder, a tal punto que en 1917 el joyero tuvo que salir de Rusia para salvar su propia vida.

Su taller, en el número 24 de la calle Bolshaya Morskaya de San Petersburgo, fue tomado por los revolucionarios, que se apropiaron de algunas piezas y destruyeron otras.

Hoy, la mayor colección del mundo está en manos de la Casa de Windsor, que conserva intactas alrededor de 900 piezas. La familia Forbes también tiene en su poder un buen número de ejemplares y hoy las piezas que quedan en circulación por el mundo se subastan por cifras astronómicas.


Desde la Reina Victoria hasta el Príncipe Carlos, la pasión por la orfebrería del ruso Fabergé pasó de padres a hijos, desde finales del siglo XIX, a lo largo de seis generaciones en la Familia Real Británica.

Entre los objetos que se exponen, cada uno con su historia particular, se destaca un juego de té en miniatura que mide 1 cm de alto, que fue originalmente propiedad de la reina Alexandra de Dinamarca.

También, el cuaderno de notas que la Reina Victoria usó para recoger las firmas de todos los mandatarios que le felicitaron por los 60 años de su reinado, en 1897. Recibió este regalo de su nieta Alejandra Feodorovna, casada con el Zar Nicolás II en 1896. El cuaderno, rubricado por los más altos cargos de medio mundo en aquella época, es uno de los objetos estrella de la exposición.

Además, una escultura en miniatura del perro favorito de Eduardo VII, encagrada por él mismo en 1907. Fabergé talló a Ziza observando los movimientos del animal en directo.


Otra de las grandes atracciones de la muestra son los huevos de pascua imperiales. La Casa de Windsor conserva tres de los 50 que elaboró el ruso.

Estos huevos fueron una tradición que inauguró en 1883 el Zar Alejandro II, que encargó a Fabergé la fabricación de un huevo como regalo del día de Pascua para su mujer. Tenía una cáscara de platino y dentro contenía otro huevo más pequeño de oro. Al abrirse este último, contenía una gallina de oro en miniatura ataviada con una réplica de la corona imperial rusa. Le gustó tanto que a partir de entonces cada año le encargaba uno nuevo a Fabergé. Su hijo, Nicolás II siguió la tradición.

Isabel I, la Reina Madre, continuó el entusiasmo por las obras de Fabergé, adquirió muchas piezas de fantasía, entre las cuales una miniatura de una mesa en estilo Luis XV.

La parte final de la exposición incluye algunas piezas propiedad del Príncipe de Gales: un portarretratos con una foto de Carlos cuando era niño y un sello real a cuyo mango se abraza una rana que fue un regalo para el príncipe por su boda con Diana de Gales en 1981.

La muestra fue inaugurada el 23 de julio y permanecerá abierta al público hasta el 3 de octubre.

¿Te gusta? dejá tu comentario. ¿Querés contarnos alguna historia, una anécdota o recomendarnos un lugar? Escribí a florencia@almacendete.com

No hay comentarios

Publicar un comentario

© Almacén de té
Maira Gall