En 1391, decretó que se debía dejar de hacer té prensado en ladrillos y que la única forma de prepararlo a partir de ese momento sería con hebras. Sabía que el té compactado tenía un proceso de producción caro, que desperdiciaba el producto y que además abría puertas a la corrupción.
Más tarde, a fines de 1487, fueron abolidas las leyes que prohibían que agentes privados tuvieran sus propios jardines de té y el negocio empezó a florecer.
La invención de la tetera facilitó la forma de preparar y servir el té. Las primeras eran de arcilla marrón y colorada y empezaron a fabricarse alrededor del año 1500.
A mediados de la dinastía Ming, la penúltima dinastía china que gobernó entre 1368 y 1644, las de arcilla procedentes de los hornos Yixing eran el recipiente preferido para preparar té.
Algunas de ellas, las más especiales, eran hechas con la mejor arcilla de la provincia de Kiangsu y cocidas a temperaturas de entre 1100 y 1250 °C durante 40 o 42 horas.

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