Cuentan que una tarde de mucho calor, el emperador se sentó a descansar bajo la sombra de un arbusto. Mientras le acercaban un cuenco con agua hirviendo y esperaba que se enfriara, una hoja cayó en el agua. El emperador se sorprendió cuando el agua cambió de color y desprendió un particular aroma. Probó y decidió beber esa extraña infusión cada día. Así, el té se convirtió en una costumbre en toda China.
Pero otra leyenda cuenta que otro monje budista llamado Dengyo Daishi, después de peregrinar por China, llevó semillas de la planta de té a un pequeño monasterio de Japón. Cuando las plantas crecieron, le llevó hojas de té al emperador y le enseñó cómo preparar la infusión. Al emperador le encantó esta bebida y ordenó plantar té en cinco regiones cercanas a Kioto que, por aquel entonces, era la capital de Japón.
Entre los siglos IX y XI, las relaciones entre China y Japón se fueron deteriorando y el té dejó de ser consumido por la Corte japonesa. Tiempo después, los japoneses volvieron a tomarlo y desarrollaron la conocida ceremonia del té, una de las costumbres más difundidas de la cultura japonesa.
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Genial!!!
ResponderEliminarAmo las historias del té!!!!